Córdoba volvió a ser el mejor alumno de Cambiemos

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La provincia mediterránea, la más “pro” de todas las islas, ubicó una vez más al macrismo en la cima de la elección popular. Baldassi ganó las elecciones con el 44,6% de los votos en una provincia obrera y clerical que lleva años votando el cambio, pero no cambia. La provincia fue y es coherente con su historia conservadora.

Por Redacción La tinta

“Qué lindo volver a casa, qué alegría estar! Acá empezó la locura, las ganas de liberar los sueños, vencer el miedo y la resignación y volver a creer en nosotros mismos. Acá nació el Sí se puede!”. Esa fue la arenga con la que el presidente Mauricio Macri se dirigió al público cordobés el pasado jueves en la Plaza de la Música, donde encabezó el cierre de campaña de Cambiemos en la provincia de Córdoba.

En esta, el mandatario no miente. Los cordobeses le dieron una diferencia fundamental en 2015 para llegar a la Casa Rosada. Y este domingo, un año y medio más tarde, ratificaron su intención de voto en las urnas con un arrollador triunfo del candidato de Cambiemos Héctor Baldassi con un 44,6% de los votos, sobre el delfín de Juan Schiaretti, el propio vicegobernador de la provincia, Martín Llaryora que obtuvo un 28%.

Más atrás quedaron Pablo Carro (Frente Córdoba Ciudadana) con el 9,9% de los comicios; Liliana Olivero (Frente de Izquierda y los Trabajadores) 4,4%; y Aurelio García Elorrio. El radical Dante Rossi armó una lista propia para disputar la interna con Baldassi y obtuvo el 2,4% de los votos, pero no le alcanzó para ingresar a los comicios de octubre.

En una elección que se nacionalizó por la fuerte presencia de Cristina Fernández en Buenos Aires, una vez más los cordobeses mostraron ser grandes aliados del macrismo. Esto no significa que el porcentaje -ni este , ni aquel 71,5% en el ballotage de 2015- se traduzca en un apoyo directo a Mauricio Macri y su gestión, sino más bien, en un profundo rechazo a la posibilidad de que el kirchnerismo vuelva a ocupar lugares de poder. A pesar de las dificultades económicas y el pesimismo reinante, la satisfacción ideológica de haber sido una ficha clave en el desplazamiento del kirchnerismo sigue pisando fuerte en Córdoba.

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(Imagen: Colectivo Manifiesto)

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Cordobesismo: la más Pro de todas las islas

Córdoba es conservadora y etnocéntrica: si la atacan, se encierra, y si no la atacan, se encierra también. Una “isla”, como la definió un gobernador. Argumentos, broncas y preguntas sobre una provincia obrera y clerical que lleva años enfrentada a la Casa Rosada y en la que el kircherismo nunca pudo hacer pie.

(*) Por Dante Leguizamón para Revista Anfibia 

Los beneficiados por las políticas del gobierno nacional en los últimos 12 años fueron millones. Fuimos millones. Además de las iniciativas obvias y no por ello menos maravillosas (Ley de Medios, Matrimonio Igualitario, Procrear, etc) lo cierto es que la idea de aislar a los gobernantes cordobeses (De la Sota-Schiaretti-De la Sota) produjo una batalla narrativa que supo utilizar con mucha más lucidez el conservadurismo cordobés que el kirchnerismo nacional.

Doy ejemplos: la Asignación Universal por Hijo se aplicó en Córdoba como en todo el país, pero los beneficiarios todavía hoy creen que es un beneficio del gobierno provincial. Mi hijo tiene la notebook de Conectar/Igualdad, pero ningún docente le dijo que era un beneficio de la Anses. Justamente, la Anses fue tomada como un enemigo ideal por el gobernador De la Sota que, según su relato anti-k, se quedaba con la plata de los cordobeses y era el responsable de que él se viera “obligado” a cobrar una tasa vial –a todas luces inconstitucional- que aumentaba el precio de la nafta en la provincia. El diálogo interrumpido entre la Casa Rosada y el gobierno cordobés también limitó el alcance de las políticas nacionales.

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(Imagen: Colectivo Manifiesto)

Entre las cosas que me dijeron en estos días algunos amigos porteños, estuvo también la comparación entre aquella provincia “rebelde” del Cordobazo y la Reforma de 1918 y esta Córdoba Pro. Lamento decirles que esos planteos muestran un desconocimiento de esta provincia similar al de Mauricio Macri cuando comparó la elección del domingo 22 de noviembre con la gesta obrera estudiantil de Agustín Tosco, Elpidio Torres y Atilio López.

El voto cordobés tiene un recorrido histórico que puede servirnos para entender porqué mi provincia vota como vota. Sarmiento fue uno de los primeros que supo definir a esta tierra conservadora y clerical, donde hasta el zapatero se da aires de doctor: “Por lo demás, el pueblo de la ciudad, compuesto de artesanos, participaba del espíritu de las clases altas: el maestro zapatero se daba los aires de doctor en zapatería y os enderezaba un texto latino al tomaros gravemente la medida; el ergo andaba por las cocinas y en boca de los mendigos y locos de la ciudad, y toda disputa entre ganapanes tomaba el tono y forma de las conclusiones. Añádase que durante toda la revolución, Córdoba ha sido el asilo de los españoles en todas las demás partes maltratados. ¿Qué mella haría la revolución de 1810 en un pueblo educado por los jesuitas y enclaustrado por la naturaleza, la educación y el arte? ¿Qué asidero encontrarían las ideas revolucionarias, hijas de Rousseau, Mably, Raynal y Voltaire, si por fortuna atravesaban la pampa para descender a la catacumba española, en aquellas cabezas disciplinadas por el peripato para hacer frente a toda idea nueva; en aquellas inteligencias que, como su paseo, tenían una idea inmóvil en el centro, rodeada de un lago de aguas muertas, que estorbaba penetrar hasta ellas?”

Córdoba es, esencialmente, conservadora y etnocéntrica. Si la atacan, se encierra; y si no la atacan, se encierra también. Angeloz habló de una “isla” en tiempos previos al menemismo. Lo mismo hizo De la Sota al lanzar el “cordobesismo” en 2011 y culpar a la Nación para justificar sus administraciones, pésimas para mí, desde 1999 hasta hoy.

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(Imagen: Colectivo Manifiesto)

En una conferencia llamada “Contra Córdoba”, el decano de la Facultad de Filosofía y Humanidades, Diego Tatián, enumeró en agosto de 2015 una serie de hechos que no representan a Córdoba, sino que han ido justamente en contra de esa Córdoba conservadora que describía Sarmiento y cuya idiosincrasia soberbia y autoreferencial aprovecharon De la Sota y, antes, Angeloz. Para hacerlo, Tatián decide dejar de lado el Cordobazo y la Reforma Universitaria del ‘18 porque, entiende, el tiempo ha hecho que el establishment cordobés se apropie de ellos tratando de usurpar su simbología y escondiendo su verdadero significado revolucionario.

La idea de “Contra Córdoba” surge de la Elegía que Enrique González Tuñón lee (según entiendo) el día en que justamente es enterrado Deodoro Roca, el gran ideólogo de la Reforma Universitaria. Allí Tuñón describe, en 1942, a nuestra tierra como “una ciudad de nichos con espectros feroces, de ventanas ciegas, de antiguos muertos de levita y retratos al óleo de los antiguos muertos de levita…, que todavía, más allá de la ceniza, consiguen opíparos nombramientos oficiales para sus descendientes; Córdoba de marchitas vírgenes arrepentidas, arañas nocturnas hilando infamias, el cretino importante y las familias venidas a menos; Córdoba con poetas que hablan de efebos rosados, con ruiseñores ciegos; Córdoba del pequeño burgués, del filofascista y del encapuchado, topo, rata huidiza, mosca verde”. Pero va más allá y la narra como “Negra ciénaga, vivo cangrejal oscuro, esa Córdoba es ciudad triste de toda tristeza: arañas, sudarios, telegramas del señor Ministro, subvenciones a campos de concentración, murciélagos y nidos de murciélagos”.

Luego de enumerar hechos “Contra Córdoba” -que caben en los dedos de una mano- Tatián dice que el último de ellos ocurrió hace 40 años cuando en una fórmula del FREJULI, Ricardo Obregón Cano –un peronista cercano a la Tendencia Revolucionaria- obtuvo el triunfo en marzo de 1973 junto al sindicalista de origen peronista -clave en la gesta del Cordobazo- Atilio López.

Ese gobierno Contra Córdoba, que era parte de un proyecto nacional y popular, duró apenas 11 meses: un golpe de estado policial derrocó al gobernador. La historia dice que cuando Obregón Cano esperaba la ayuda del gobierno central, Juan Domingo Perón lo despachó con una frase: “Que los cordobeses se cocinen en su propia salsa”.

Así fue que la triple A, con el Brigadier Raúl Laccabane a la cabeza, se quedó con la intervención de la provincia. Después de desplazar al gobierno constitucional provincial, el brigadier hizo todo lo contrario con el gobierno municipal y decidió dejar en el poder al joven intendente peronista de derecha, Domingo Coronel y a su Secretario de Gobierno, José Manuel de la Sota. ¿Saben quién era el Secretario de Cultura de ese gobierno municipal? Juan Carlos Maqueda, al que le faltaban 30 años para llegar a la Corte Suprema de la Nación.

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(Imagen: Colectivo Manifiesto)

Córdoba no cambió. La provincia fue y es coherente con su historia conservadora. Y no se pudo, no se supo o no se quiso desde la gestión kirchnerista llegar a fondo con políticas –y referentes– capaces de generar un “contra Córdoba”, capaces de doblarle el brazo al poder del conservadurismo lúcido local.

Habrá que aceptar que la principal responsabilidad es de quienes habitamos esta tierra. Aquí la gran mayoría que pide un cambio en realidad no quiere que cambie nada. Nunca quiso. Por su parte, el proyecto que supo levantar las banderas de lo nacional y popular deberá encontrar, en la lógica de construcción federal, las formas de incluir a esta provincia, porque esta vez los cordobeses no se cocinaron en su propia salsa, más bien sintieron que eran el maridaje perfecto para acabar con aquello que para millones hizo tanto bien y que a ellos los convencieron de que sólo les hacía tanto mal.

Ahora, como siempre, nos sentimos una isla, la más pro de todas las islas, a la espera de las soluciones que lleguen del puerto de Buenos Aires.

(*) Artículo escrito por Dante Leguizamón para Revista Anfibia el 2 de diciembre de 2015/ Fotos: Colectivo Manifiesto.

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